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Biología cotidiana: Solanum tuberosum

Hoy te vengo a hablar de.... ¡patatas! (como introducción no suena muy inteligente, pero te prometo que mejora). El caso es que desde pequeña siempre me quemo comiendo patatas, y es algo que me llamó mucho la atención en su momento (además de lo versátiles que son): Su capacidad calorífica.

Patata
Suena muy chorra pero es algo que me hizo mucha gracia cuando me lo comentaron, el calor que es capaz de guardar una patata es asombroso comparado con casi cualquier material, pocas cosas lo resguardan tan bien... ¿Pero por qué? Pues básicamente para responder a eso, (como casi siempre pasa) tenemos que mirar más de cerca:

Una patata es básicamente un tallo subterráneo de la planta que se engrosa para almacenar almidón, un hidrato de carbono (o azúcar) que es útil para la planta en crecimiento; y el almidón, a su vez, está compuesto por dos polímeros: amilosa y amilopectina. Como todo esto suena muy complejo, os diré que todos estos nombres se reducen a una sola molécula: la glucosa.

Básicamente tenemos que la capacidad calorífica de la patata (que es la cantidad de energía necesaria para aumentar un grado centígrado un kilo de patatas) es bestial, ¿por qué ocurre esto? Pues porque resulta que el almidón, es un polímero muy empaquetado, y como esto no te dice nada, te lo voy a explicar de otra manera:

Las moléculas las podemos ver como imanes; muchos imanes fuertes muy juntos son muy difíciles de separar, por ello tendrás que hacer mucha fuerza para poder separar aunque sea uno. Como el almidón son cientos de miles de glucosas unidas por muchos sitios unas a otras, la fuerza que tienes que hacer para separarlas es mucho mayor, o lo  que es lo mismo, la energía que tienes que aplicar es mucho mayor. Y a la vez, como hace falta mucha energía, las moléculas se irán soltando pero no demasiado rápido, lo que significa que la energía se irá perdiendo poco a poco, cosa que se traduce en que mantengan el calor más tiempo que otro alimento.

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