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La asesina de humo

Hoy os vengo a contar una señora historia. Una historia mejor que el último thriller que hayas visto:

Esta historia comienza en Abril de 2007, en Heilbronn (Alemania), una agente de policía está investigando en una operación de incógnito sobre el tráfico de drogas, pero murió durante ella, le pegaron un tiro. Al analizar el asesinato obtuvieron un perfil de ADN de mujer, pero este no estaba registrado. ¿El problema? que no era la primera vez que aparecía:

Mayo del 93, una mujer aparece estrangulada, de nuevo en Alemania, y de toda la escena del crimen solo se consigue sacar ADN de una cucharita de té. 

Ocho años después, en Frisburgo (en la otra punta de Alemania), un hombre de 62 años aparece estrangulado. Otra vez ese perfil de ADN.

Comienzan a ofrecerse recompensas de sumas bastante grandes de dinero con tal de obtener algo, alguna pista sobre semejante fantasma.

Así estuvieron con 17 asesinatos en diversas partes de Europa ¿Estaba la Interpol ante el crimen perfecto? Parecía que ni Horatio con sus gafas de sol iba a poder resolver semejante misterio. No había conexión alguna entre las víctimas, solo ese resto de ADN. Atracos, robos, asesinatos... ni siquiera había un patrón definido.

Para recoger muestras de ADN
¿Cómo se resuelve esto? Pues de una forma fácil y que por desgracia deja a la ciencia en mal lugar. Solemos recurrir a la ciencia para obtener respuestas, aunque en realidad a menudo estas nos dejan con más preguntas, pues bien, observando la metodología que se usó para recoger las muestras de ADN en los 17 escenarios se dieron cuenta de un pequeño detalle... Todos los hisopos (lo de la foto) venían de la misma fábrica. Esas trazas de ADN eran de alguna de las señoras que se encargan de hacerlos, pobre mujer, bastante tenía con lo suyo como para que la acusaran de la friolera de 17 delitos.

Sí, el final es muy decepcionante, pero en cuestiones de ciencia las cosas nunca salen como uno espera, además, también te diré que hay thrillers que acaban peor.

¿Moraleja? Lleva guantes hombre, que no te cuesta nada y no vas por la vida mareando a la Interpol (inserte un "we don't get fooled again!" de The Who).

Referencias:
Alkorta I. La  mujer sin rostro de los laboratorios. SEEBM. Marzo 2017; 191; 43.

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