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Hoy la cosa va de partos

Hoy vengo a hablar de bacterias otra vez. Ya vimos que nuestros intestinos están plagados de todo tipo de vida, y que podemos cambiar esa microbiota con cosas tan horribles como un trasplante fecal, pero... ¿Podemos hacer variar esa microbiota?

Colonia de Clostridium difficile
Pues es curioso, pero se ha demostrado que los niños que salen por cesárea, al no tener un contacto directo con toda la vía que implica el parto vaginal, también tienen una microbiota distinta, dando como resultado una microbiota más parecida a la de la piel de la madre; mientras que los niños nacidos por parto vaginal tienen una microbiota más similar a la de la vagina de la madre. Así podemos ver que el intestino de los niños nacidos por un parto normal es más rico en bacterias como Bacteroidetes y Bifidobacterium (que son útiles en la digestión) y es mucho más difícil que sea colonizado por Clostridium difficile que puede generar una infección del colon. Mientras que los niños nacidos por cesárea, solo han tenido contacto directo con la piel de la madre, de forma que no han sido colonizados por las mismas bacterias; en los niños nacidos por cesárea predominan los Staphylococcus y Propionibacterium, y es más fácil que se infecten por Clostridium difficile.

Por supuesto no es la única forma de hacer variar la microbiota intestinal de los recién nacidos, también puede depender de si es un parto prematuro o si por el contrario nace en la fecha estipulada. Parece ser que la estructura de la microbiota en la madre también va variando a lo largo de la gestación.

Por supuesto tenemos una solución para esto, aunque como en el artículo de transplantes fecales, la solución no es muy agradable. La idea es coger al recién nacido que ha nacido por cesárea (por motivos obvios al prematuro no se le puede hacer) y coger a la madre. Una hora antes de que tenga lugar el parto a la madre se le coloca una gasa estéril en la vagina y cuando comience la cesárea se le retira, el niño tras nacer se mete en un contenedor estéril y se le embadurna el cuerpo con los microbios que contiene esa gasa. Por motivos obvios no es lo mismo que parirlo así, pero hasta el momento es la única solución que se les ha ocurrido.

El problema de esta práctica es que hay pocos estudios, sí que es cierto que aumenta algo el número de Bacteroidetes y Bifidobacterium, pero no hay una correlación suficiente como para afirmar que este ligero aumento sea significativo, es decir, que realmente sirva para algo. También genera problemas porque no sabemos qué tiene la madre en la vagina, cosa que inicialmente suena muy mal, pero a lo que me refiero es a que no sabemos qué tipo de microbios tiene la madre en la vagina, puede ser portadora de cepas que causen problemas en un recién nacido. Y tampoco tenemos claro el efecto a largo plazo, no sabemos si esta forma de contacto con los microbios afectará a largo plazo a la vida de ese infante.

Nuestra microbiota comienza a formarse desde el minuto 0 en función de muchas variables: Si se pare en casa, si se hace en un hospital, si el niño tiene contacto con enfermeras, con la abuela, si luego se relaciona con más niños en guarderías, si se le da biberón, si se le da el pecho... A día de hoy, no hay forma de saber cómo puede afectarnos nada de esto.

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